Genealogía de la anormalidad: dos casos de crímenes chilenos.
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Universidad de Valparaíso
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Según el filósofo francés Michel Foucault, el poder de la psiquiatría es un entramado invisible que nos va rodeando de a poco como sociedad, llenando con su potestad nuestro pensamiento, nuestras acciones y en definitiva, nuestra vida. Utilizamos a diario ―y en la mayoría de los casos, incluso sin saberlo―, una serie de conceptos que tienen como punto de origen el saber psiquiátrico, o tecnología de la anomalía, como también fue denominada esta rama de la medicina, por el filósofo galo. Es por eso que consideramos la anormalidad como una categoría cognitiva y social que se ha arraigado hasta nuestros días.
Las clases que Foucault dictó en el Collège de France entre enero y marzo del año 1975, fueron transcritas al castellano con el nombre de Los anormales. En dichas clases, el autor hace un recorrido por las prácticas médico-legales que permiten la aparición de diferentes individuos o personajes, que van desde el monstruo hasta terminar en el degenerado (anormalidad actual).
Creemos que en nuestro país los casos de Jorge del Carmen Valenzuela Torres y Roberto José Martínez Vásquez cubren todos los personajes descritos por Foucault en la constitución del individuo anormal. Y no es que sean los únicos casos, sino los más atingentes y similares a los descritos por el filósofo francés en las clases del texto citado más arriba como también como en la recopilación de expedientes médicos, legales y policiales contenidos en el libro Yo, Pierre Rivière.
Posteriormente Foucault buscaría la genealogía de lo anormal, que se encuentra en la pericia médico-legal.
La ecuación es la siguiente: poder médico más poder judicial igual a poder de normalización, o control de la anormalidad. Esto se da desde el siglo XVIII, o lo que el filósofo nombrará como Edad clásica, hasta nuestros días, surgiendo con la anormalidad y sus tres tipos primigenios (monstruo humano, onanista, individuo a corregir), pasando por el sujeto delincuente, y culminando con el degenerado. Más adelante veremos como todas estas categorías son atravesadas por Jorge Valenzuela Torres y Roberto Martínez Vásquez, quienes pasaron del anonimato a ser conocidos como monstruos humanos, chacales, desalmados y pusilánimes criminales chilenos, que fueron bautizados por el discurso periodístico con los pseudónimos del Chacal de Nahueltoro, y El Tila, respectivamente.
El caso de Jorge Valenzuela Torres como el de Roberto Martínez Vásquez, podrían ser un acontecimiento, en tanto escinden una época: hay un antes y un después en los crímenes por ellos cometidos, no sólo como acontecimientos particulares de sus vidas sino como reflejo de reacciones sociales. En tanto que tales, sus actos marcan la historia de cierta manera, sobre todo por el discurso (periodístico por antonomasia) que en torno a ellos se entrama. Esta escisión va desde la constitución de sus anormalidades, hasta el debate ético de sus respectivas muertes ―que será analizado más adelante.
Esta investigación tiene la siguiente estructura: el Capítulo I es una investigación biográfica de la vida de Jorge del Carmen Valenzuela Torres. El estilo escritural intenta ser lo más objetivo posible en vista de la posterior creación de discursos a partir de los hechos por él cometidos. El Capítulo II presenta la misma tónica: intenta plasmar de la manera menos tendenciosa posible los crímenes cometidos por Roberto José Martínez Vásquez, a raíz de una minuciosa investigación hecha en torno a su persona. Cabe destacar la serie de dificultades que se presentaron en el comienzo de este trabajo por la negativa de diversas instituciones a colaborar con información que podría resultar decisiva. En el Capítulo III entramos de lleno en materia foucaultiana: pasamos a analizar cada una de las clases que el francés dictó en el Collège de France, entre enero y marzo de 1975, a las cuales tenemos acceso, como dijimos, con el título Los anormales. En esta parte de la investigación se desarrollan los puntos fundamentales de la teoría de la anormalidad y la creación de personajes a raíz de ésta. El discurso periodístico jugará un rol fundamental en este análisis. En el Capítulo IV abordamos el tema de la pena de muerte y el suicidio como convergencias disciplinares de la normalización, para mostrar cómo cada uno de los personajes analizados se convirtió en un cuerpo dócil y útil para el engranaje penitenciario. Por último, la Conclusión se centra en el discurso periodístico, la memoria colectiva y los efectos (pasajeros y, a la vez, duraderos) que han dejado en el imaginario social los crímenes y personajes que a continuación se conocerán.